Ayer en una noticia de un informativo comentaban el esfuerzo que realizan las Universidades para acoger a estudiantes con diversidad funcional. Las facultades promueven programas de acompañamiento a estas personas por parte de alumnos que, por prestarles su apoyo, reciben cierta cantidad de créditos a cambio.
En principio no lo veo mal, aunque como se suele decir "la tele engorda". Habría que verlo de cerca y saber cuales son las condiciones, número de horas, selección de voluntarios.
Aún así, el dato es definitivo. El porcentaje de estudiantes universitarios con alguna discapacidad no llega al 1 %. Y esto en pleno 2010.
Cuando yo frecuentaba estos ambientes, iniciativas como esta eran impensables y el único apoyo que recibía se nutría del bolsillo de mi familia. Ni la Administración ni ninguno de los agentes sociales estimaban oportuno cooperar para que yo pudiera cursar unos estudios de grado superior.
Sí, la enseñanza básica sí me la facilitaron. Accedí a la escuela en 4º de EGB - 1º y 2º me lo impartió mi madre en casa, 3º lo recibí en un centro especial de Aspace - con una asistenta social puesta por el Gobierno Vasco gracias a la insistencia de mis padres y de la asociación de parálisis cerebral que acabo de mencionar.
Nunca olvidaré las caras de la chavalada la primea vez que entré en clase o cuando llegó el recreo y las niñas se pegaban por jugar a las mamas con mi silla.
Sin embargo, nada es incondicional y, en el momento en que llegó otro chico a la escuela en condiciones semejantes a la mía, la decisión de las excelentísimas autoridades fue que solo hubiera una asistenta para los dos, con lo cual se debía dividir entre dos aulas para atendernos.
Todo esto a mí ya me pilló en octavo y gracias a la buena disposición de la asistenta y la colaboración de mis compañer@s terminé.
Escape al instituto (no sin tener que hacer fuerza en la administración) donde volvía a ser The Only one. Dos años me duro la exclusividad. Ya estaba en terceto de BUP cuando mi colega volvió a invadir mi terreno, pero esta vez la necesidad de ayuda era mucho más elevada. Apuntes, trabajos, exámenes, ejercicios, necesidades fisiológicas, Etc. La situación era insostenible.
En definitivas cuentas, la solución fue la que más arriba he señalado. El único remedio que me permitió seguir y finalizar mi etapa académica. Llegue incluso a declararme en huelga sin asistir a clase durante casi tres meses con la idea de conmover la sensibilidad de nuestros dirigentes, pero solo me sirvió para tener que repetir COU.





















